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Eduardo Galán

 

Espoiler, Tablet y otras Expresiones

 

El inglés está de moda. De esto no hay duda. Solo basta con ver la proliferación de colegios e institutos bilingües. Pese a la resistencia de un profesorado que puede ver peligrar sus plazas (con el consiguiente traslado forzoso), los centros bilingües se van imponiendo en algunas comunidades. Los padres quieren que sus hijos hablen inglés, que no encuentren aún más dificultades en el acceso al mundo laboral. Esta tendencia la comparto como padre, como profesor y como escritor. El conocimiento de una segunda lengua amplía nuestras perspectivas de mejora profesional, nos abre a otros mundos y experiencias y nos permite comunicarnos con un número mayor de seres humanos.

Sin embargo no comparto la moda de usar vocablos del inglés (anglicismos o préstamos léxicos) cuando el castellano dispone de palabras y expresiones dotadas del mismo significado. Es el caso, por ejemplo, de “spoiler”.

recorte

Los modernos comenzaron diciendo “cuidado, no me hagas un “spoiler”, cuando no querían que les desvelaran la trama de una película o de una novela. ¿Era necesario adoptar el sustantivo en inglés cuando en nuestra lengua disponíamos del verbo “desvelar” (quitar el velo, descubrir, destripar, estropear) o del verbo “destripar”. Si se quiere usar un sustantivo, podría usarse el coloquial “destripe”, que carece del prestigio de la palabra inglesa. No se trata de purismo lingüístico, sino de resistirse a evitar la contaminación léxica de nuestra lengua que no puede evitar el uso de anglicismos en los campos técnicos y científicos. La palabra “espoiler” la introdujeron los profesionales del ámbito del cine, seguidos por los del mundo del libro. No fue el ciudadano de a pie. De la especialización llegó al uso general de la población. Y nos creemos tan modernos y, sobre todo, tan bien hablados (dominamos idiomas) al usar el extranjerismo. Aún así su uso generalizado en un período de tiempo muy breve le augura éxito a la palabra. Lo más probable es que se asiente en el idioma como tantos extranjerismos de los que ya no tenemos recuerdos de su origen: “chalé”, “restaurante”, “fútbol”, “gol” y un larguísimo etcétera. Y que la RAE aconseje su ortografía con una “e” inicial, para castellanizarla lo más posible: “espoiler”. Pero yo evito su uso. ¿Hasta cuándo resistiré en el cerco de la Numancia lingüística?

 

tablet
Otro caso similar es el uso del anglicismo “tablet”. En ese caso es innecesario mantener la pronunciación y la ortografía inglesa. Bastaría, como ha hecho el idioma a lo largo de los últimos siglos cuando ha incorporado extranjerismos, con añadir una “a” al final de la palabra, castellanizándola: “tableta”. Pero parecer ser que algunos no pueden evitar sentirse incómodos al pensar en la tableta de chocolate o en la tableta de los jóvenes musculadoss. Sin embargo los mismos resistentes no encuentran problema alguno en emplear la palabra “ratón” para referirse al pequeño aparato que usamos para movernos por la pantalla del ordenador. ¿No les recordará al pequeño roedor? En mi opinión, no valoramos nuestro idioma, no lo queremos, no lo apreciamos, no nos sentimos orgullosos de hablarlo y compartirlo con millones de hablantes, tanto como primera lengua como segunda lengua aprendida.

 

 

Muy diferente es el caso de dos palabras que aluden a la misma profesión y las diferencia por el sexo: “modista” y “sastre”.

sastre_modista

“La modista” designa a la mujer que diseña y confecciona vestidos y camisas de mujer. El “sastre” designa a los hombres que diseñan y confeccionan trajes y camisas para hombres. Estas dos palabras conviven con “costurera” (en femenino, porque esta profesión era solo realizada en su origen por mujeres), que es la persona que cose las prendas, ni diseña ni hace patrones. La riqueza del idioma y de la matización ha llevado a crear la palabra “modisto” en masculino, profesión del hombre que diseña ropa para mujeres, un término dotado de una connotación fuertemente positiva de calidad y prestigio. Por el contrario, el término “sastra” designó en un principio a la mujer que diseñaba trajes para hombres. Hoy en día el término se ha especializado como profesión teatral, mujer que atiende y cuida del vestuario de los actores en el escenario y fuera del escenario. Convive con la expresión “diseñador/a de vestuario”.

 

Curiosidades del idioma.

 

 

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