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Eduardo Galán

 

Cataluña: La Hora de España

 

Sin querer comparar con otros desbordamientos sentimentales en la historia reciente de Europa, el sentimiento desbordado de independientismo catalán desarrollado en los últimos cuatro años resulta sorprendente visto desde fuera de Cataluña. ¿Qué ha pasado para que un porcentaje tan elevado de la población, inferior todavía por escaso margen al 50%, se haya sentido atraído por una palabra mágica tan llena de romanticismo decadente como es “independencia”?

Carta desde el corazón

 

Las separaciones suelen ser frutos del desencanto y del tedio, de la esperanza de un sueño de vida mejor y de la imposibilidad de aceptar la realidad. No sé qué razones reales conducen a los ciudadanos de Cataluña a soñar con un Estado independiente. No sé qué puede moverles a desear la independencia en tiempos de globalizaciones, de Erasmus, de viajes internacionales y de economías europeas compartidas. Sí entiendo lo que mueve a los políticos de todas las ideologías, de todas las lenguas y de todos los pueblos: el poder y el dinero. Tal vez, el sexo también. La erótica del poder no es una frase hecha, es una realidad. El poder resulta atractivo para los que no están en el poder. Disfrutar del poder es disfrutar de algo más que de los cargos públicos. Y no me refiero solo al dinero.

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